Conexión emocional en las relaciones

Uno de los objetivos prioritarios que tenemos los seres humanos, es encontrar una profunda conexión emocional y espiritual con otra persona.

Es muy difícil llegar a sentir esa conexión plena, si no estás conectado contigo mismo. Cuando estás bien contigo, todo fluye, sientes alegría y paz dentro de ti y en tus relaciones con los demás.

Hay personas que creen que esa conexión tiene que entregarla el otro. Actitud que hace que no te pares a observar si eres tú el que no estás abierto para que esta se realice. Cuando actuamos desde el ego estamos cerrados. Sentimos vacío y separación con el mundo. Queremos esa conexión, intentamos crearla de forma ficticia. Y lo hacemos desde la manipulación, el victimismo, el control o la obediencia.

No podemos conectar con los otros desde nuestro ego, porque si el ego lleva el mando es que estamos desconectados de nosotros mismos.

Si estamos preocupados, asustados o estamos enfocados en un resultado, no estamos conectados. Estamos poniendo la mirada en el futuro. Así dejamos de estar presentes en el momento.

 Cuando estamos apegados al resultado de una interacción, no estamos en el momento. Cuando nuestro objetivo es “hacer” que se produzca una conexión, o nuestra expectativa es divertirnos, o tener relaciones sexuales, o ser amados, o recibir aprobación, o evitar la desaprobación, estamos en el futuro.  –

Libro: Cura tu soledad.

Cada vez que nos colocamos en el futuro, estamos en el ego.

Aunque parezca difícil, conseguiremos relaciones sanas cuando nos aceptemos y nos amemos a nosotros mismos.

Para amar a otro, debemos amarnos a nosotros mismos.

Tener una actitud agradable, respetuosa, alegre, tranquila, desde el amor hacia los demás, es un acto de amor propio a uno mismo. Si tú estás bien, tratarás bien a los demás.

Tampoco podemos acusar a otros de nuestra infelicidad. En el momento en el que tomamos  responsabilidad sobre nuestra felicidad y lo que sentimos, somos mucho más amorosos. Nos cambia el carácter y empezamos a ser más tolerantes, coherentes, flexibles, amables y alegres.

Es verdad que solemos tener momentos en los que se pone a prueba esa responsabilidad. Un amigo no te contesta las llamadas. No te pones de acuerdo con tu pareja en el tiempo que pasan juntos. Tu jefe te ha echado la bronca, tu familia te exige que los visites más a menudo, etc. Cuando realices ese trabajo interior y aprendas a gestionar emociones, será mucho más fácil que no te afecten todo este tipo de situaciones. Te pondrás en un estado de escucha, aceptación,  flexibilidad y ayuda desde el interior y así sin darte cuenta, llevarás a los demás a ese mismo estado.

Y tú, ¿eres de los que se hace responsable? Si no es así… ¡Es el momento perfecto para hacerlo!

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