¿Que tipo de creencias tienes?

Quizás te preguntes por qué es tan difícil cambiar. Es decir, queremos hacerlo, sabemos que lo necesitamos, pero aun así no pasamos a la acción.

Salir de la zona de confort nos cuesta y no sabemos cuál es la razón.

Nos repetimos que no seremos capaces, que tendría que ser un cambio muy drástico, que ir poco a poco no servirá de nada, que ya pasará algo en el exterior que me obligue a cambiar, etc.

Empezamos a hacernos autosabotaje y nos decimos que en el fondo no estamos tan mal, que hay gente que lo pasa peor, que…¿cómo se nos ocurre quejarnos?

Bien, puede que este sea el momento de echarle un vistazo a nuestras creencias limitantes.

“Es la mente la que hace el bien o el mal, la que hace desgraciado o feliz, rico o pobre.” – Edmund Spencer

Leyendo el libro de Tony Robbins, Controle su Destinome encontré con esta clasificación de creencias que hizo el doctor Martin Seligman y que está plasmado en su libro Optimismo adquirido.

Separa las creencias en tres categorías diferentes: Permanencia, Omnipresencia y Personal.

Ya hemos hablado otras veces de que existe una actitud ante la vida muy diferente entre las personas exitosas y las personas que no lo son.

En el caso de las creencias de carácter permanente, las personas con éxito tienen la seguridad de que todo es temporal, y de que esa situación desfavorable, ese problema o complicación que se les presenta, pasará. Es muy difícil que consideren un problema como permanente.

Por otro lado, está ese tipo de personas que tienden a ver cualquier problema como permanente. Que abandonan el plan para cambiar, porque total…¡el problema es permanente y no pueden hacer nada!

En el caso de las catalogadas como omnipresentes, los optimistas y ganadores no creen que un problema sea capaz de controlar su vida. Es decir, que aquella dificultad que tengan en ese momento, no afecta a todas las áreas que componen su existencia.

En el caso de los pesimistas, al haber fracasado en un ámbito de su vida, se etiquetan automáticamente de fracasados. Desde ahí, empiezan a exagerar y a sentirse impotentes por no tener el control de nada de lo que ocurre en su vida.

La tercera categoría es la personal. Esta sería la que nos plantea cómo afrontamos los desafíos. ¿Como un problema con nosotros mismos, de nuestra personalidad, o como una forma de cambiar y enfrentarnos a un nuevo reto que puede traer cosas buenas?

Es importante evitar este tipo de creencias pesimistas. Recuerda que:

Todo es temporal.

Para cambiar una creencia debemos empezar a asociar esa creencia con dolor y añadir una nueva creencia que nos produzca placer. Debemos analizar esas creencias que más daño nos hacen y ser conscientes del dolor que nos ha causado. Cuando seamos conscientes de ello, conseguiremos empezar a hacer cambios que nos llevarán a una nueva creencia.

Pon en duda aquellas que crees invencibles y que sabes que te limitan. Al hacerlo es como si crearas una primera grieta en su armadura, que poco a poco podrás ir quitando hasta dejarla sin fuerza alguna.

Busca experiencias, personas, situaciones que te aporten otro tipo de creencias, que puedan ayudarte a desarmar la tuya. Pero interioriza ese aprendizaje y esa nueva forma de pensar.

Rompe tus creencias limitantes.

Cuestiona todo aquello que tienes dentro y te hace daño. ¡Puedes hacerlo!

Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos, hacemos nuestro mundo.- Buda

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