“Estas equivocada. Tienes que cambiar el chip o así la cosa no funciona.
No es como tú piensas.”

Esta es una de las frases que me quedó más grabada de mi última relación.

Si mi pareja hablaba con otras chicas por las redes sociales con frases que a mí me parecían insinuadoras, yo estaba equivocada, tenía que cambiar el chip.

Si no venía a verme por qué no tenía dinero y luego salía por ahí sin
decírmelo, yo estaba equivocada, yo tenía que cambiar el chip.
Si siempre estaba dispuesto a hacer cosas con los demás pero conmigo no
tenía ganas y prefería pasar el día echado en el sillón descansando, pero
conmigo a su lado. Yo estaba equivocada, yo tenía que cambiar el chip.

Según él yo tenía que buscar mis amistades o hacer cosas por mi cuenta,
pero no podía ir a bailar, porqué eso quería decir que iba a buscar alguien
con quien engañarlo. No podía ponerme un escote aunque fuera para él,
porqué otros me iban a mirar.

Si organizaba una salida con sus amigos y yo decidía no ir, primero me rogaba que fuera y cuando no cedía se enfadaba conmigo. Pero yo estaba equivocada, yo tenía que cambiar el chip.
Si yo me daba cuenta de comportamientos raros, de cosas que no encajaban o de extrañas situaciones era que tenía mucho tiempo para pensar, que tenía que dejar de analizar todo y cambiar el chip.

Era verdad, yo estaba equivocada yo tenía que cambiar el chip. Pero el chip al que yo tenía que cambiar era muy distinto al chip que él quería que yo cambiara.

Pero por mucho tiempo me puse el chip que él decía que tenía que tener. Y
fue así como empecé a sentirme cada día peor.
Cuando me daba cuenta de un comportamiento extraño me decía a mí
misma que eran cosas mías. Las analizaba una y otra vez y me trataba de
auto convencer de que lo que él hacía estaba bien.

Si me gritaba o trataba mal delante de sus amigos era porqué yo lo había dejado en evidencia o había demostrado que en las actividades que hacíamos juntos sabía más que él y eso estaba mal, entonces me callaba.

Me guardaba mis lágrimas y me prometía a mí misma tratar de mejorar (o desmejorar) para no volver a hacerlo.

Yo tenía que cambiar, porqué yo le quería y seguro que él también me quería, aunque no me lo dijera, aunque no quisiera vivir conmigo, hacer planes para un futuro, tener una relación estable, aunque me hubiera dejado más de una vez por otra, pero siempre volvía porqué para él yo era única.

Y así entras en una avalancha que cada vez se hace más grande. No importan los días que te pasas llorando por tu contradicción interna, no importa el dolor en el pecho que sientes porqué le pides a tu cabeza que no vea lo que ves, no importa el cansancio que sientes por la continua lucha de llevar una relación en la que te arrastras por unas migas de falsa seguridad.

Empiezas a estar nerviosa, apenas duermes, lloras cuando nadie te ve, no puedes parar los pensamientos negativos, te sube la ansiedad, los celos te desbordan. Pero tú vas a ser fuerte y vas a cambiar el chip, porqué esta relación lo vale, porqué él lo vale. Porqué cuando están bien son una pareja perfecta, él es lo que siempre quisiste, con él haces lo que te gusta, con él tienes tantos planes que sabes que se pueden realizar. Él es el indicado.

Y llega un día en el que tocas fondo.

Yo toqué fondo varias veces, la primera llegó una mañana nublada de febrero, me había despertado un par de veces en la noche y tratado de dormirme nuevamente, estaba cansada, triste, me sentía sola, no podía hablar con nadie porqué en el fondo yo sabía…doblaba ropa con pocas ganas, como si todo me pesara, mientras mis dos yo interiores debatían entre sí:

-Lo que pasó anoche son cosa tuyas, frutos de tu imaginación.
-Pero si lo analizo…
-Deja de analizarlo todo, confía un poco el él.
-No sé si quiero confiar en él, que pasa con mi instinto, la otra vez
tenía razón yo y mira…
-Sabes que te digo, no importa si tiene otra, lo vamos a querer lo
mismo, si no ¿qué vamos a hacer sin él?.

Pensarán que estaba loca.

No, no estaba loca tenía dependencia emocional.

¿Cómo lo sabía? Porque los síntomas de una dependiente emocional con
más o menos matices son siempre los mismos:

  • Lo necesitas, no puedes concebir tu vida sin él. Él es el único que
    puede darte lo que deseas. Sin él todo lo que más te gusta no es
    posible.
  • Deseas que cambie y se lo pides de todas las formas. Cuando eso no
    funciona tienes la firme esperanza que si tú cambias por él, llegará
    un día en que él también cambiará por ti y al fin serán felices.
  • Le exiges que te demuestre todo el tiempo que te quiere, mendigas
    cariño y atención.
  • Deseas que esté todo el tiempo a tu lado haciéndote sentir
    importante, que eres su prioridad, porqué si él te valora es que vales
  • Tienes mucho miedo a que te deje, sin él lo vas a perder todo.
  • Dejas a un lado las amistades y la familia por estar a su lado el
    mayor tiempo posible.
  • Dejas de lado tus hobbies, las cosas que te gustan y te hacen felices
    para hacer lo que a él le gusta.
  • Cambias tu manera de ser, tus opiniones, tu manera de pensar y
    expresarte, para gustarle más.
  • Tienes y necesitas tener el control total del otro, donde está, con
    quien está, a qué hora sale, donde va…
  • Él se transforma en el centro de tu vida, de tus pensamientos y de tus
    preocupaciones.
  • Dejas que te manipule y que te hagan ver real lo que no lo es.
  • Empiezas a sentir ansiedad, celos, tristeza, perdida de ilusión.
  • Le cuentas a los pocos amigos que tienes una y otra vez la misma
    historia hasta que ya te da vergüenza de que te escuchen.
  • Haces cosas que nunca te hubieras imaginado hacer y sabes están
    mal, pero el querer es más fuerte que el saber.
  • Te sientes absolutamente incapaz de dejar la relación, cuando lo
    haces porqué sabes que ya no puedes más te falta el aire y tienes
    terribles ataques de abstinencia.
  • Intentas dejar una y otra vez la relación pero vuelves continuamente con la esperanza de que esta vez sea distinto.

Si has llegado a leer hasta aquí y te has sentido identificada con la mayor parte de estos puntos, quiero dejarte un mensaje:

  • Si tienes dependencia no estas enamorada, estas necesitada. La dependencia surge de pensar que solo otra persona puede darnos lo que nos hace falta y no es así.

La dependencia emocional se cura.

  • No te voy a mentir, no es un proceso ni fácil ni rápido, se necesita mucha fuerza de voluntad ya que muchas veces se pasa por síntomas de abstinencia que se puede comparar a los que tienen problemas de drogo dependencia.

Vale la pena. Saber que no dependes de nadie para ser feliz, saber que al fin puedes estar con una persona para disfrutar de buenos momentos y no para que te los proporcione. Saber que tú misma has logrado lo que tienes, vale la pena.

Texto de Dany, Blog Independízate Emocionalmente.

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