El comienzo de las relaciones de pareja suele ser, casi perfecto. Existe un estado de enamoramiento en el que solo vemos lo positivo, no existe lo negativo en el otro.

Pasado un tiempo, empiezan a ocurrir situaciones que van alterando invariablemente ese estado a través de discusiones, conflictos, insatisfacciones, exigencias, violencia emocional o física, etc.  

¿Qué ha cambiado entonces? El estado en el que nos encontramos. Hemos pasado el estado mental transitorio del enamoramiento.

Estamos acostumbrados a observar cómo algunas relaciones “amorosas” pasan a ser relaciones “amor-odio”.

En ellas podemos observar cómo se puede pasar de un comportamiento cariñoso a un estado de agresividad, indiferencia o apatía hacia el otro. De hecho, esto se considera normal. Y la relación fluctúa entre los extremos de “amor” y odio, produciendo tanto placer como dolor.

La relación tiene una carga dramática que hace que los dos se sientan vivos. Son adictas a vivir en estos ciclos.

Hay un momento en el que se pierde el equilibrio entre lo positivo y lo negativo y aparecen con mayor frecuencia los ciclos destructivos, lo que hace que la relación y los miembros de ella, entren en un estado de autodestrucción.

La fusión de dos personas en una da como resultado dos medias personas. Wayne Dyer.

Podría parecer que si eliminamos los ciclos negativos todo iría bien, pero es imposible.

Las dos personas se han vuelto adictas a este tipo de ciclos, y cuando no los tienen, los buscan para sentirse vivos en la relación. Este tipo de “amor romántico” no tiene nada que ver con el amor puro.

Siempre resulta más fácil reconocer cualquier tipo de comportamiento disfuncional en el otro, antes que en ti mismo.

Puede mostrarse de diferentes formas; celos, control, posesividad, retraimiento, necesidad de tener razón, manipulación, exigencias emocionales, culpar, juzgar, atacar, etc.

Me parece muy acertado un consejo que nos da Oscar Durán Yates, dice algo así como que después de una discusión o malentendido, nos tomemos un tiempo de reflexión, de autoanálisis.

Que intentemos vernos en ese espejo que nos ofrece la pareja. Que nos demos cuenta de que lo que está pasando no es tan importante y de que interiormente hay algo más que debemos trabajar. Esto es una lección de algo que debemos aprender, que no tiene que ver con el otro, sino con nosotros.

Por otro lado, es cierto que el estado de enamoramiento tiene un alto estado de satisfacción y bienestar. Nos sentimos completos con el otro. Nuestra existencia adquiere significado.

Somos “la persona” para alguien. Entramos en un estado de tanta intensidad a veces, que el resto del mundo parece insignificante. La otra persona es tu centro, tu todo. 

¿Qué puede haber de positivo en esto? ¿No vemos que hay un grado altísimo de apego y necesidad? Nos volvemos adictos a la otra persona. Él o ella actúa sobre ti como una droga. Todo va bien mientras el otro haga todo lo que tú quieras.

¿Qué ocurre si hay alguna posibilidad de que esa persona no está disponible para ti o si la relación termina? Aparecen entonces los celos, la posesión, los intentos de manipulación, los chantajes emocionales, las acusaciones, etc.

Todo esto viene de un sentimiento base: miedo a la pérdida.

Si la otra persona te deja, crees que la desesperación y la pena acabarán contigo.  Entonces todo ese “amor” se convierte en odio, ira, venganza hacia el otro.  ¿Fue amor lo que hubo o un apego adictivo?

Si en tus relaciones experimentas tanto un sentimiento de «amor» como su opuesto (agresividad, violencia emocional, etc.) entonces es muy probable que estés confundiendo el apego adictivo del ego con el amor. – Eckhart Tolle

Buscamos que el otro nos de lo que nos “falta”. Pero no nos hemos dado cuenta de que en esencia, no nos falta nada.

En la forma en que buscamos las cosas, hemos creado una percepción de carencia. Y es esa carencia la que buscamos sin cesar, en el otro. La manera de romper con esta búsqueda, es descubriendo que todo lo que necesitas, lo tienes tú. Ese amor, lo tienes dentro de ti.

Cuando una persona está en equilibrio y fluye, no se empeña en tener razón, ganar discusiones, atacar, etc.  Simplemente fluye, vive, avanza en la pareja, afronta y vive los momentos positivos y lo que no son tanto de una manera consciente. 

Cada desencuentro lo ve como una oportunidad para aprender. Si uno está compacto por dentro y ha aprendido a conocerse a sí mismo, a amar sus sombras, cada obstáculo que aparezca lo hará reflexionar, autoanalizarse y por tanto, crecer, aprender y estar más en contacto con el otro.

Recuerda que la mejor relación es aquella en la que el amor por cada uno excede la necesidad por el otro.- Dalai Lama

 

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