Nos pasamos la vida decidiendo.

Aunque no seamos conscientes, tomamos decisiones todos los días. ¿Prefiero té o café?¿Me paso por el supermercado ahora o mañana?¿Qué libro empiezo cuando acabe este? ¿Llevo la chaqueta o pasaré calor? 

Hay cientos de momentos en los que nos planteamos elegir entre diferentes opciones. Cuando son cosas del día a día lo hacemos casi sin pensar. A veces tiramos por lo que sería “correcto” o por lo que nos apetece de verdad.

La cosa se complica cuando son decisiones más “serias”.

Aquellas que pueden cambiar algo en nuestra vida, que nos harán salir de la zona de confort, con las no quedaremos tan bien, con los demás, como otras veces. En definitiva, son las que nos hacen sentir  incómodos y nos dan algo de miedo.

No soy producto de mis circunstancias, soy producto de mis decisiones.-Steven Covey.

No es fácil estar en esa situación, porque tampoco sabes qué es lo que más te conviene. Así que no paras de preguntarte una  y mil veces cuál será la opción “correcta”.

Hay un ejercicio que a mí me ayuda mucho. Es hacer una lista con las diferentes opciones que tengo y hacer una valoración. En otro post hablé de un ejercicio en el que jerarquizábamos nuestros valores primarios, para así tenerlos presentes a la hora de movernos en la vida. Esta lista nos ayuda también en estos casos en los que tenemos que tomar decisiones que consideramos importantes.

No te desvíes de tu rumbo. Vive con alegría. – Mónica Fusté

Si estás en ese momento, coge la siguiente plantilla, rellénala con tus valores y con las opciones que tengas en ese momento de duda.

Luego tómate un tiempo, sin distracciones y sé totalmente sincero y honesto contigo y con lo que quieres en la vida. Olvídate de lo que consideras “lo correcto” o de lo que puedan pensar otras personas. Es el momento de decidir en coherencia con lo que sientes, quieres y piensas.

Evalúa cómo te sentirás con cada alternativa. No desde el miedo, sino desde la sensación de aquello bueno que conseguirás.

 

¿Ya has terminado? Entonces, haz la suma de cada una de las opciones. Aquella que tenga más puntuación será la que se acerque más hacia tus valores.

Si todavía sigues dudando, hazte las siguientes preguntas:

¿Qué opción me lleva hacia mi objetivo de vida? ¿Cuál me acerca a mi sueño?

Tomar decisiones con este ejercicio a mí me ha ayudado a sentirme más segura con hacia dónde quiero ir, a lidiar con los miedos de forma más fácil y a ver con mucha más claridad cuál puede ser la mejor opción para mi objetivo de vida.

Te invito a que lo pruebes y a que me cuentes que te parece. ¡Ánimo!

La sabiduría suprema es tener sueños lo bastante grandes para no perderlos de vista mientras los persigues. – William Faulkner


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