Cuando era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos era los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante […] 

Siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. […]

¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye? […]

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza. 

-Paulo Coelho-

Todo lo que vemos en nuestro mundo es un reflejo de nuestros pensamientos. Tienen el poder de hacer de nuestro presente un lugar maravilloso o un auténtico caos.

El problema no surge con los pensamientos, sino de cómo nos enganchamos a ellos.

 Como dice Byron Katie en su libro Amar es lo que es;

Un pensamiento resulta inofensivo a menos que nos lo creamos. No son nuestros pensamientos, sino nuestro apego a ellos, lo que origina nuestro sufrimiento. 

Con esto quiere decir, que el problema no son las imágenes que aparecen en nuestra cabeza, sino la fuerza con la que nos identificamos con ellas. Muchas veces damos por verdaderos, pensamientos e ideas, sin preguntarnos de dónde vienen o en qué se fundamentan. ¡Quizás ni siquiera sean nuestros! Nos enganchamos a esos pensamientos y al sentirnos identificados con ellos, nuestro ego reacciona defendiéndolos de manera irracional.

Byron Katie dice; 

Nunca he experimentado un sentimiento estresante cuyo origen no fuese el apego a un pensamiento falso. Tras cada sentimiento incómodo se esconde un pensamiento que no es verdadero para nosotros.”

Esos pensamientos que repetimos insistentemente son los que terminan convirtiéndose en creencias. 

Cuando miras al mundo, lo que estás haciendo es observar la parte de ese mundo que se ajusta a esos pensamientos y creencias que tienes en tu mente. Es lo que se define como modelo mental. A través de esta atención selectiva, cada día justificas ese modelo mental con lo que crees ver. De todo lo que está sucediendo, escoges aquello que confirma tu modelo mental. No te das cuenta de que existen infinitas interpretaciones y percepciones de eso que estás viviendo. 

“No creas todo lo que piensas.” – Byron Katie

Solo tienes que preguntarte; ¿qué estoy percibiendo? ¿qué sensaciones tengo? ¿puedo cambiar mi interpretación a una que me haga sentir mejor?

Todos llevamos con nosotros una serie de creencias. Algunas nos empoderan y otras nos limitan. Algunas las hemos ido cargando desde nuestra infancia y otras las hemos fabricado en nuestra edad adulta. 

Se manifiestan en forma de ideas, maneras de pensar, convicciones, percepciones y acciones. 

No somos conscientes de que vivimos nuestra vida a través de ellas. Digamos que se introducen en nuestro software y actúan como programas automáticos, provocando actitudes, comportamiento y emociones en cada uno de nosotros.

Las difundimos como verdades absolutas y la mayoría de las veces ni siquiera las cuestionamos. Vienen en forma de certezas sobre nosotros mismos, los demás y el mundo. Seguro que has escuchado, y comentado, algunas como estas:

  • Yo soy así
  • Siempre me ocurre lo mismo
  • No se puede tener todo
  • La gente es egoísta
  • Tengo mala suerte en el amor
  • El dinero no da la felicidad

Lo curioso es que no nos paramos a analizar de dónde proviene ese pensamiento, y por qué lo cargamos en nuestra vida.

Quizás ahora mismo estás cargando con creencias que en otro momento fueron funcionales, pero que en tu vida actual ya no tienen lugar. Con esto quiero decir que probablemente en otro momento te ayudaron a superar ciertos obstáculos y miedos, pero en el presente ya no tiene ningún sentido que te acompañen.

Si quieres tomar el control de tu vida, tienes que liberarte de esos falsos límites para volar más alto. – Javier Iriondo

Tenemos creencias que han estado siempre en nuestra vida y otras que hemos ido adquiriendo a través de los años de diferentes formas;

  • Con lo que hemos visto y escuchado en nuestro entorno: familia, profesores, compañeros del colegio. 

Muchas de ellas se transmiten a través de mensajes y actitudes repetitivas que terminan por quedarse en el inconsciente. 

Es lógico que muchas se hayan creado en el núcleo familiar. Nuestros padres abuelos y hermanos mayores son figuras de autoridad y admiración durante nuestro desarrollo como personas.

  • Con hechos concretos en nuestra vida. Acontecimientos específicos que marcaron un antes o un después. 

Experiencias que te marcan de alguna forma, en las que algo en tu interior cambia. 

Nuestras creencias tienen un gran peso en la vida que tenemos.

Digamos que los pensamientos que tienes sobre ti mismo, tu mundo o tus deseos, genera unas creencias, que hacen que actúes de una determinada manera. Esta acción repetitiva se convierte en un hábito, que produce unos resultados concretos en tu vida. 

¿Piensa un problema que tengas en este momento?

Lo más probable es que tengas creencias limitantes o disfuncionales en ese campo de la vida donde estás viendo ese problema.

¿Ves la importancia que tienen los pensamientos y las creencias? ¡Definen nuestra forma de vivir!

No hay ningún pensamiento que viva en tu cabeza sin pagar el alquiler. Cada pensamiento que tengas será o bien una inversión o un coste. O bien te llevará hacia la felicidad y la prosperidad o te alejará de ellas. O bien te infundará poder o te lo quitará. Es imprescindible que elijas sabiamente tus pensamientos y creencias. – T. Harv Eker.

Ahora te voy a dar una herramienta para que tomes conciencia de esas creencias que te frenan y puedas trabajar para cambiarlas a otras más positivas.

Toma una hoja y apunta todas aquellas que crees que tienes, que provengan de la sociedad o que hayas escuchado de tu familia y amigos. Te doy algunos ejemplos:

  • Hay que luchar y sufrir para tener éxito.
  • Los errores son fracasos.
  • Desear dinero es malo.
  • La espiritualidad no es compatible con el dinero.
  • Si no tienes pareja te vas a quedar solo.
  • La soledad es mala.
  • No se puede tener todo.

¡Es el momento de cuestionarte todo!

Tómate el tiempo que necesites para hacer esta tarea.

Los tres pasos básicos para comenzar con el cambio de creencias son:

  1.  Querer cambiar
  2.  Saber cómo hacerlo
  3. Permitirte el cambio.

Si tienes claro que quieres cambiar, sigue leyendo y tendrás una de mis herramientas favoritas para cambiar creencias. 

Uno de los ejercicios más eficaces para que se produzca un cambio de creencias es “The Work”, de Byron Katie. Nos ayuda a identificar y cuestionar todos aquellos pensamientos que te causan sufrimiento. 

Trabajaremos con cuatro preguntas que tendremos que hacerle a cada una de las creencias que queremos cambiar

   1. Esta creencia ¿Es verdad?

    Permanece en calma. Cierra los ojos y reflexiona. Espera a que llegue la respuesta.

        2. ¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad? ¿Al 100%?

      3. ¿Cómo reaccionas cuando tienes ese pensamiento?

    Haz una lista de cómo reaccionas cuando crees este pensamiento.

    •  ¿Qué emociones se producen cuando crees en ese pensamiento?
    • ¿Te enfadas? ¿Qué sientes?
    • Ese pensamiento, ¿trae paz o estrés a tu vida?
    • ¿Qué sensaciones experimenta tu cuerpo?
    • ¿Cómo te tratas a ti mismo cuando crees eso? ¿Cómo tratas a los demás?
    • ¿Qué no eres capaz de hacer cuando crees en ese pensamiento?

    Tómate tu tiempo para sentir las respuestas.

        4. ¿Quién serías sin ese pensamiento?

    Cierra los ojos. Sé paciente. Visualízate sin ese pensamiento. ¿Qué sientes? ¿Qué ha cambiado? Haz una lista de cosas que podrías hacer en tu vida si no tuvieras ese pensamiento.

    Repite el ejercicio “The Work” cada vez que tengas creencias limitantes o juicios, que te estén frenando.

    Cuando no encuentres de forma clara la creencia, escucha qué es lo que sientes. Recuerda que los pensamientos crean emociones. A partir de lo que sientes puedes descubrir qué creencias sostiene la emoción que estás sintiendo en este momento.

    Investiga la creencia a través de lo que está sintiendo tu cuerpo. Busca el pensamiento que está tras el sentimiento.

    Si quieres investigar más sobre el tema de las creencias, aquí tienes algunas lecturas recomendadas:


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