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¿Víctima, verdugo o salvador?

Aunque no nos demos cuenta, en situaciones de discusión o malentendido, podemos pasar de un estado a otro en cuestión de minutos o incluso segundos.

Empezamos con un comportamiento altivo, de seguridad, acusando al otro de lo que ha hecho y luego en unos pocos minutos nos vemos llorando, explicando desde un estado de drama «telenovelesco» que no nos sentimos valorados.

Todo esto tiene una explicación.

Fue Stephen Karpman quien definió el concepto de «triángulo dramático». Este triángulo está formado por tres roles a los que nos encanta recurrir de vez en cuando.

Estos son: la víctima, el verdugo y el salvador.

Víctima.

Se queja, no pasa a la acción, es llorona y desgraciada. Quiere tener una imagen de inocencia y pureza, presentándose como incapaz de comprender o actuar. Cuando comete un error, se justifica responsabilizando a los demás.

Expresiones de la víctima:

«Por tu culpa…», «Si hubiese tenido…», «Si no hubiese tenido…», «Quería…pero no he podido», «Ya no puedo más», «Estoy harto». Todos, nunca, nadie, en todas partes, en ninguna parte, todo y nada. «Yo no sabía», «No se cómo se hace», «Es demasiado complicado».

Verdugo.

Severo, crítico, juzga y es hiriente. Cuando juzga lo hace de forma inapelable. Es difícil llevarle la contraria e inspira miedo. En algunos casos puede ser agresivo y bastante cruel. Le gusta reprochar cada vez que puede. Tiene sensación de superioridad frente al otro y utiliza a quienes son sensibles para conseguir algo que quieren al mismo tiempo que los desprecia. Considera que hacer un drama, gritar o montar un espectáculo evita encontrar una solución al problema, así como lo hace el huir de una discusión o tener una confrontación.

Expresiones del verdugo:

«No es posible, «Sí, pero…», «Con mi ex solía…», «Deberías tener cuidado con tu nuevo amigo…», «Tú también has…», «Ah, ves cómo tú también», «El otro día eras tú el que…», «Querido, ¿podrías…?», «¿Cómo?¿Te atreves a acusarme, a mí que he…?»

Salvador.

Siempre está dispuesto a defender a los oprimidos. Es muy protector y crea deudas morales para retener a las personas. A veces su ayuda es inadecuada. Experimenta una sensación de seguridad por mantenerse equilibrado y «tener solución» para cualquier problema.

Expresiones del salvador:

«Con todo lo que he hecho por ti…», «De acuerdo, yo me encargo del asunto, pero no me viene nada bien…», «Mira, he encontrado una solución para tu…», » Si, pero pobrecito, hay que comprenderlo…», «Eres duro con él, lo que vive no es fácil…»

Cada uno tiene su rol favorito, en el que se siente más cómodo.

Para ello puedes probar a hacer el siguiente ejercicio:

1.Ten una conversación con alguien sobre alguna situación que te haya ocurrido en los últimos días.

2.Explícale tu punto de vista de lo sucedido, y pídele a la otra persona que se ponga en el papel de aquella con la que tuviste ese malentendido.

3.Comienza tomando el rol de verdugo luego el de víctima y por último el de salvador (puedes alterar el orden).

4.Experimenta en cuál te sientes más cómodo.

¿Con cuál te sientes más identificado?

¿Cómo reaccionar ante…?

Una víctima.

– Es recomendable tener en cuenta que la persona no es víctima en este momento, justo ahora. Lo que hace es repetir estados aprendidos del dolor de su pasado.

– Deja de escuchar sus quejas e historias en las que se etiqueta como un desgraciad@.

– Interrumpe ese monólogo de quejas e injusticias vividas y llévala al momento presente. Pregúntale: ¿Cuál es el problema ahora? ¿Cómo puedo ayudarte?

Un verdugo.

– Recuerda que solo puedes ser herido si se lo permites.

– No te tomes nada de lo que diga como algo personal. No lo es.

– Evita replicar atacando, no es el momento, no arreglarás nada.

Un salvador.

– Deja a un lado el rol de víctima.

– Se consciente de que eres adulto y responsable de tu vida.

– Agradece su ayuda, pero dile que no la necesitas en ese momento.

– Dile que si necesitas su ayuda, se la pedirás.

¿Cómo salir del rol de…?

Víctima.

– Se consciente de tu pasividad. Eres responsable de tu vida y es a ti a quien le toca actuar.

– Deja de quejarte y pide aquello que quieras de forma precisa, sin dramas.

– La solución está en tu interior, tú sabes lo que quieres, hacia donde quieres ir, cómo llevar tu vida…La respuesta a todo lo que necesitas y deseas la tienes tú.

– Sin victima que permite, no hay verdugo.

Verdugo.

– Ten un momento para ti y busca el origen de tu frustración.

– Define cuáles son tus necesidades insatisfechas.

– Hazte cargo de tus necesidades y sana esas heridas.

– Deja de juzgar y empieza a ver a los demás como iguales. Todos cometemos errores, tú también.

Salvador.

– Deja de creer que hay gente que es víctima y que no tiene recursos para ayudarse.

– Comprende que puedes ser merecedor de atención y gratificaciones por otros medios.

– Conviértete en tu propio salvador particular.

– Practica la ayuda sana. Espera a que los demás te pidan ayuda.

Aplica estos conceptos y conseguirás dejar de lado esas reacciones automáticas del ego.

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